Hígado. HE (1). Humano. 2x. Panorámica de un hígado humano, donde la unidad estructural y funcional, correspondiente al lobulillo hepático de forma hexagonal, está mal definida. Se llegan a identificar unos espacios más claros (en parte debido a la existencia de una cierta congestión hepática) donde se sitúa la vena centrolobulillar (C). De aquí parten de manera radial los cordones de hepatocitos, que se dirigen hacia los espacios porta (P) que forman los vértices del lobulillo clásico.
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Hígado. HE (2). Humano. 4x. El lobulillo hepático clásico tiende a seguir un patrón hexagonal, que en la especie humana, por lo general, está muy desdibujado. Se llegan a identificar las venas centrolobulillares (C) y los espacios porta (P). El espacio que hay entre ambas estructuras, se encuentra ocupado por los cordones de hepatocitos (flechas) que surgen radialmente desde la vena centrolobulillar o desde el propio espacio porta.
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Hígado. HE (3). Humano. 10x. Detalle de un lobulillo clásico, donde se observan dos venas centrolobulillares (C) de pared muy fina, de las que parten los cordones de hepatocitos (flecha), separados por unos espacios claros (asterisco) en los que se sitúan los sinusoides. En la periferia del lobulillo se encuentra un espacio porta (P), pequeño espacio conjuntivo donde se identifican sus tres componentes característicos: las ramas de la vena porta (V) y de la arteria hepática (A), y los conductos biliares (B).
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Hígado. HE (4). Humano. 20x. La vena centrolobulillar se localiza en el centro del lobulillo hepático, y presenta una pared (flecha) muy fina. En esta vena drena la sangre que previamente ha circulado por los capilares sinusoides (punta de flecha), los cuales se sitúan entre los cordones de hepatocitos (H). Estos cordones de hepatocitos o de Remak, están formados por el espesor de una sola célula, y se disponen radialmente respecto a la vena centrolobulillar. En la imagen se aprecian algunos hepatocitos con pigmento y citoplasma vacuolado por la presencia de gotas de lípidos.
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Hígado. HE (5). Humano. 40x. Detalle de una vena centrolobulillar (C) donde desemboca un sinusoide (flecha). Alrededor de la vena se observan cordones de hepatocitos (H) y, entre ellos, se encuentran espacios más pálidos donde se localizan los sinusoides (S). En el espesor de los cordones de hepatocitos se aprecian unas líneas gruesas más oscuras que corresponden a los capilares biliares (punta de flecha).
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Hígado. HE (6). Humano. 20x. Los cordones de hepatocitos (H) o de Remak, que están formados por el espesor de una sola célula, se ramifican y anastomosan unos con otros constituyendo un complejo entramado tridimensional. Algunos hepatocitos contienen pigmento de color parduzco (punta de flecha roja), posiblemente correspondiente a lipofuscina, y gotas de lipídicas (punta de flecha azul) que le dan un aspecto vacuolizado al citoplasma. En el espacio claro que hay entre los cordones de hepatocitos se sitúan los sinusoides (asterisco).
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Hígado. HE (7). Humano. 40x. Con frecuencia hay algunos hepatocitos con un núcleo más grande (flecha roja) o dos núcleos (flecha azul). Ambos casos son signo de poliploidía. En los puntos de unión de varios hepatocitos se observan unas líneas más oscuras y confluyentes, que son los capilares biliares (punta de flecha). Entre los cordones de hepatocitos se encuentran los sinusoides (S), donde se identifican algunos núcleos aplanados y densos de células endoteliales (E) y otros más ovalados de células de Kupffer (K). Otras células pequeñas situadas entre los hepatocitos pueden ser células de Ito (I).
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Hígado. HE (8). Humano. 100x. Sinusoide (S) visto a gran aumento, rodeado por cordones de hepatocitos (H). En la fina pared del sinusoide (flecha) se observa algún núcleo aplanado correspondiente a las células endoteliales (punta de flecha). Otros núcleos próximos a la pared, más ovalados, pueden pertenecer a células de Kupffer (K), y los presentes en la luz son de leucocitos. El pequeño espacio que hay entre la pared del sinusoide y los cordones de hepatocitos corresponde al espacio de Disse (asterisco).
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Hígado. HE (9). Humano. 20x. Espacio porta, pequeño espacio conjuntivo que contiene una tríada característica formada por ramas de la vena porta (V), arteria hepática (A) y conducto biliar (B). Delimitando el espacio porta hay una hilera discontinua de hepatocitos correspondiente a la lámina o placa limitante (flecha). Alrededor del espacio porta se disponen radialmente los cordones de hepatocitos (H) y, entre ellos, los sinusoides (S).
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Hígado. HE (10). Humano. 40x. Espacio porta visto a gran aumento. Se observan dos grandes luces venosas (V) ramas de la vena porta, ramas de la arteria hepática (A) y conductos biliares (B), revestidos estos últimos por células cúbicas. Por dentro de la placa limitante (flecha) hay un pequeño espacio (punta de flecha), correspondiente al espacio periportal de Mall donde se recoge la linfa generada en el lobulillo hepático.
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Hígado. HE (11). Humano. 20x. En las caras laterales del lobulillo hepático, se encuentran las vías biliares de pequeño calibre (conductillos biliares), que recogen la bilis generada en la red de capilares biliares situada en el interior del entramado de cordones de hepatocitos y la transportan a los conductos biliares situados en los espacios porta. En la imagen se observan los conductillos biliares, colangiolos o conductos de Hering (flecha), que se identifican por ser estructuras tubulares de luz estrecha, revestidas por un epitelio cúbico simple, situadas entre cordones de hepatocitos.
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Hígado. HE (12). Humano. 40x. Mayor aumento de la imagen anterior, donde se observa la continuidad de los cordones de hepatocitos (H) con los conductos de Hering (flecha de doble punta) que, a su vez, desembocan (punta de flecha) en los conductillos biliares o colangiolos (C). Generalmente no se suelen hacer estas distinciones en la nomenclatura de las vías biliares más pequeñas y todos los términos mencionados se utilizan indistintamente.
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Hígado. HE (13). Humano. 20x. Conducto biliar de mediano calibre. En las vías biliares intrahepáticas, según va incrementándose el calibre del conducto, también va aumentado la altura de las células que lo revisten, transformándose de un epitelio cúbico a un epitelio prismático simple, como el de la imagen.
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Hígado lobulillos. HE (1). Minipig. 4x. La estructura del hígado en el cerdo se caracteriza por presentar unos lobulillos hepáticos (L) claramente delimitados por tabiques conjuntivos interlobulillares (flechas), que unen los espacios porta (P) y dejan en el centro a las venas centrolobulillares (V). La existencia de estos tabiques en el humano sería un signo de fibrosis hepática.
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Hígado lobulillos. HE (2). Minipig. 10x. Lobulillo en el hígado de cerdo perfectamente delimitado por tabiques conjuntivos interlobulillares (flechas). Estos tabiques parten de los espacios porta (P), uniéndolos unos con otros formando figuras más o menos hexagonales, dejando en el centro a la vena centrolobulillar (V).
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Hígado. Carmín de Best (1). 10x. El hígado es un órgano con gran capacidad para acumular glucógeno. El carmín de Best es una técnica selectiva que tiñe el glucógeno de color rojo. En la imagen se observa un hígado con abundantes depósitos de glucógeno que se manifiesta por la tinción granular y rojiza presente en el interior de los hepatocitos. El glucógeno tiende a ser más abundante en los hepatocitos situados en la vecindad de los espacios porta (P), si se compara con el contenido en los que se localizan alrededor de la vena centrolobulillar (V), que muestran una tinción más tenue.
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Hígado. Carmín de Best (2). 20x. Los depósitos de glucógeno en los hepatocitos varían de unos a otros. Se pueden observar hepatocitos con escasos y pequeños gránulos, como los que aparecen en la parte inferior izquierda de la imagen, o bien granulaciones más grandes como las que se aprecian en los hepatocitos de la parte superior derecha, porque se encuentren cerca de un espacio porta..
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Hígado. Carmín de Best (3). 40x. Cordones de hepatocitos que contienen en su interior granulaciones de gran tamaño teñidas con el carmín de Best, indicando que contienen grandes depósitos de glucógeno en su citoplasma. Los núcleos apenas se identifican porque no se han teñido. En los espacios claros que se encuentran entre los hepatocitos es donde se sitúan los sinusoides (asteriscos).
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Hígado. Carmín de Best (4). 40x. Imagen de los llamados fenómenos de arrastre, muy frecuentes en la tinción del glucógeno. Consiste en que el glucógeno aparece en todas las células desplazado hacia el mismo lado. Esto se debe a la gran hidrosolubilidad del glucógeno. Como la mayoría de los fijadores están disueltos en agua, el glucógeno tiende a disolverse en ellos y cuando penetra el fijador en la pieza, lo arrastra hasta que se termina fijando. Observando la imagen, se puede decir que el fijador ha entrado en la muestra desde la izquierda y ha arrastrado al glucógeno hacia la derecha de las células hasta fijarlo.
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Hígado. PAS (1). Ratón Postprandial. 4x. En estas dos preparaciones se compara, empleando la técnica del PAS, la carga de glucógeno que tiene el hígado en un ratón después de alimentarse (ratón "postprandial": Pp), con otro sometido a 48 h de ayuno. En la imagen panorámica del hígado del ratón Pp se muestra una importante PAS positividad generalizada, aunque hay regiones donde los hepatocitos están más cargados de glucógeno (generalmente en la vecindad de los espacios porta, P) que en otras (como en las zonas próximas a la vena centrolobulillar, C). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (2). Ratón Ayuno. 4x. En el hígado del ratón sometido a 48 h de ayuno, apenas se identifican estructuras PAS positivas en toda la extensión del corte, por haberse agotado las reservas de glucógeno. (P: espacio porta. C: vena centrolobulillar). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (3). Ratón Postprandial. 10x. Tras la ingesta, el hígado es un órgano con gran capacidad para acumular glucógeno, que se demuestra claramente con la técnica del PAS. La mayor carga de glucógeno se observa en los hepatocitos situados alrededor de los espacios porta (P), mientras que el depósito es menor en los que se encuentran próximos a la vena centrolobulillar (C). En la parte izquierda de la imagen (asterisco) se observan fenómenos de arrastre (ver explicación en la preparación del hígado teñida con el carmín de Best). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (4). Ratón Ayuno. 10x. En situación de ayuno prolongado, se agota el glucógeno y con la técnica de PAS no se observan estructuras teñidas. De hecho, el citoplasma de los hepatocitos presenta un aspecto espumoso debido que se cargan de gotas lipídicas de distintos tamaños. Cuando esto ocurre se dice que hay una esteatosis. (P: espacio porta. C: vena centrolobulillar). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (5). Ratón Postprandial. 20x. Hepatocitos situados alrededor de un espacio porta (P) cargados de glucógeno, mostrando abundantes y pequeñas granulaciones con intensa PAS positividad. Los espacios porta en el ratón son más pequeños que en la especie humana. En ellos se identifica la rama de la vena porta (asterisco) y el conducto biliar (flecha). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (6). Ratón Ayuno. 20x. Imagen del hígado de un ratón tras un ayuno prolongado. Los hepatocitos situados alrededor del espacio porta no muestran ninguna estructura PAS positiva. Sólo hay una célula (punta de fecha) con muy finas y escasas granulaciones que se tiñen con el PAS. El resto de los hepatocitos únicamente presentan un citoplasma de aspecto vacuolado debido que se cargan de gotas lipídicas. (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (7). Ratón Postprandial. 40x. Hepatocitos vistos a gran aumento, donde la mayoría de ellos contienen en su citoplasma abundantes granulaciones PAS positivas, debido a que se han cargado de partículas de glucógeno, poco tiempo después de la ingesta. (Flecha: sinusoide). (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. PAS (8). Ratón Ayuno. 40x. Hepatocitos vistos a gran aumento de un ratón sometido a ayuno prolongado, los cuales han agotado todos los depósitos de glucógeno, motivo por el que no muestran ninguna tinción con el PAS. Únicamente se observa un hepatocito que contiene alguna granulación PAS positiva (flecha). La inmensa mayoría de los hepatocitos están cargado de gotas de lípidos, por lo que presentan un citoplasma de aspecto espumoso. (Material cedido por la Profª María del Carmen Sanz Miguel).
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Hígado. Fosfatasa ácida (1). 40x. La fosfatasa ácida es un enzima característico de los lisosomas. Con técnicas histoquímicas se demuestran como granulaciones negruzcas y para poder observarlos hay que recurrir a aumentos grandes, como el de la imagen. En los hepatocitos, los lisosomas se disponen en la vecindad del polo biliar, por lo que las finas granulaciones tienden a dibujar el negativo de la red de capilares biliares (puntas de flecha). Las granulaciones de mayor tamaño pertenecen a los lisosomas de las células de Kupffer (K). (N; núcleo de los hepatocitos).
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Hígado. Fosfatasa ácida (2). 100x. Los lisosomas en el hepatocito tienen una disposición característica, en la periferia de la célula, en las zonas próximas al polo biliar, motivo por el que también se les denomina cuerpos peribiliares. Con la técnica de la fosfatasa ácida, se puede ver esta disposición que tiende a dibujar la imagen negativa de los capilares biliares (flechas). Asimismo, se observan otros lisosomas más grandes y agrupados que corresponden a las células de Kupffer (punta de flecha). Con esta técnica no se tiñen los núcleos (N), pero llegan a insinuarse.
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Hígado. Fosfatasa ácida (3). 100x. Lisosomas en el hígado vistos a gran aumento. Además de observarse en los hepatocitos, donde en alguno de ellos se aprecia su disposición periférica (punta de flecha) en la célula, también se demuestran en las células de Kupffer, que por ser macrófagos tienen abundantes lisosomas. En la imagen se puede ver cómo una de estas células emite prolongaciones (flecha) que se introducen entre los hepatocitos.
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Hígado. Osmio (1). Humano. 4x. El osmio es una sustancia que fija y tiñe los lípidos al mismo tiempo, permitiendo que las muestras puedan incluirse en parafina conservándose el material lipídico. En el hígado se aprecian pequeñas gotas de lípidos, como puntos oscuros, en el interior de algunos hepatocitos, por lo general los que se encuentran en la vecindad de la vena centrolobulillar (C).
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Hígado. Osmio (2). Humano. 10x. Vena centrolobulillar (C), rodeada de hepatocitos, alguno de ellos (flecha) con múltiples pequeñas gotas de lípidos teñidas con el osmio. En menor proporción hay hepatocitos con gotas en la vecindad de un espacio porta (P).
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Hígado. Osmio (3). Humano. 20x. En algunas ocasiones la grasa se deposita en el interior del hepatocito en forma de grandes gotas (flecha), mientras que otras veces se acumulan en pequeñas y múltiples gotas (punta de flecha).
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Hígado. Osmio (4). Humano. 40x. Hepatocitos cargados de múltiples pequeñas gotas de lípidos teñidas con el osmio, situados alrededor de la vena centrolobulillar (C), lugar en donde más frecuentemente se acumulan los lípidos en el hígado.
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Hígado. Peroxidasa (1). 20x. La técnica histoquímica de la peroxidasa pone de manifiesto a los peroxisomas. En el hepatocito aparecen como finas granulaciones marrones dispersas por el citoplasma. Se empiezan a ver a medianos aumentos como el 20x de la imagen. Los puntos más grandes y oscuros (flecha), son hematíes que muestran positividad con esta técnica.
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Hígado. Peroxidasa (2). 40x. Cordones de hepatocitos cargados de peroxisomas. A diferencia de los lisosomas, los peroxisomas no tienen una posición especial en el interior de los hepatocitos, estando repartidos de forma más o menos homogénea por la célula. El espacio claro situado en el centro de los hepatocitos corresponde al núcleo (N) sin teñir. Los puntos gruesos (flecha) son hematíes.
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Hígado. Peroxidasa (3). 100x. A gran aumento se demuestra, con la técnica de la peroxidasa, la abundancia de peroxisomas que contienen los hepatocitos. Se observan como finos gránulos de color marrón. En principio podrían parecerse a los lisosomas, pero el hecho de que no tengan una disposición particular en el interior del hepatocito, indica que corresponden a peroxisomas. En las bandas más claras (asterisco) situadas entre los cordones de hepatocitos es donde se encuentran los sinusoides. (Flecha: hematíes positivos a la peroxidasa).
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Hígado. Cromato de plata (1). 4x. La técnica del cromato de plata, la misma que se emplea para el estudio de las células en el tejido nervioso, es muy irregular y caprichosa en cuanto a sus resultados, apareciendo zonas impregnadas junto a zonas sin impregnar (asterisco). En el hígado, esta técnica pone de manifiesto la red de capilares o canalículos biliares, por donde circula la bilis. Los espacios más claros corresponden a luces venosas (V). Las manchas grandes negras que aparecen en el corte son precipitados de plata.
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Hígado Cromato de plata (2). 10x. En el lobulillo hepático, se aprecia un entramado de capilares biliares que sigue un patrón más o menos hexagonal. Tomando como referencia la vena centrolobulillar (C), parte de manera más o menos radial hacia la periferia (flechas).
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Hígado. Cromato de plata (3). 40x. Los propios hepatocitos son los que delimitan los capilares biliares, por lo que puede decirse que la red de capilares biliares (que se impregna con la plata) se encuentra inmersa entre los hepatocitos. Estos capilares biliares tienden a confluir unos con otros (flecha), siguiendo un patrón más o menos hexagonal (punta de flecha). La bilis producida por los hepatocitos se expulsa hacia los capilares biliares y se dirige desde la región de la vena centrolobulillar (C), hacia la zona periférica del lobulillo hepático.
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Hígado. Cromato de plata (4). 100x. Red de capilares biliares vista a gran aumento. Cada línea gruesa corresponde a un capilar biliar. Estos capilares confluyen en un determinado punto (punta de flecha) y, en conjunto, siguen un patrón más o menos hexagonal. Cada espacio delimitado por los capilares biliares está ocupado por un hepatocito sin teñir, y en alguno de éstos se insinúa el núcleo (N). Debido a la irregularidad de la técnica, hay regiones de la red capilar que no se han impregnado (flecha).
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Hígado. Técnica argéntica (1). Humano. 2x. Panorámica de un hígado humano donde se ha aplicado una técnica argéntica que únicamente impregna las fibras reticulares y colágenas. Se demuestra la malla de fibras reticulares en el lobulillo hepático, apreciándose sin embargo una mayor intensidad de tinción en los espacios porta (P) y algo menos en la pared de las venas centrolobulillares (C), por haber mayor densidad de fibras reticulares y colágenas a ese nivel.
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Hígado. Técnica argéntica (2). Humano. 4x. El estroma del hígado está constituido fundamentalmente por fibras reticulares, que se disponen formando una malla tridimensional situada en el interior del lobulillo hepático. La tinción es más intensa en los espacios porta (P) y en las venas centrolobulillares (C) por ser regiones donde hay mayor concentración de fibras colágenas que también se impregnan con la plata.
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Hígado. Técnica argéntica (3). Humano. 10x. En el lobulillo hepático, entre la vena centrolobulillar (C) y el espacio porta (P), se dispone la malla de fibras reticulares que constituyen el componente fundamental del estroma hepático. En esta malla, los espacios de mayor tamaño es donde se sitúan los cordones de hepatocitos (flechas), y en los más pequeños se localizan los capilares sinusoides (puntas de flecha).
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Hígado. Técnica argéntica (4). Humano. 20x. En la pared de la vena centrolobulillar (C), hay una tinción más intensa con la plata por contener una mayor cantidad de fibra colágenas. Alrededor de este vaso, se sitúa la malla de fibras reticulares que delimita dos tipos de espacios: en los más grandes (flechas) se encuentran los cordones de hepatocitos, mientras que los más pequeños corresponden a las luces de los capilares sinusoides (puntas de flecha).
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Hígado. Técnica argéntica (5). Humano. 20x. A este aumento se aprecia con claridad la disposición en malla tridimensional de las fibras reticulares (flecha). En los espacios más amplios que hay en la malla, es donde se encuentran los hepatocitos (H). En la imagen se llega a apreciar en estas zonas, una fina granulación (punta de flecha) que posiblemente corresponda a una impregnación no deseada de los lisosomas que contienen los hepatocitos. En los huecos más pequeños de la malla de fibras reticulares es donde están las luces de los sinusoides (S).
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Hígado. HE (6). Humano. 40x. La malla tridimensional de fibras reticulares que compone el estroma del hígado se sitúa en el espacio de Disse, es decir, entre los hepatocitos (asterisco) (que no se tiñen con esta técnica pero se sitúan en los espacios más grandes) y la pared de los sinusoides, cuyas luces ocupan los huecos más pequeños (puntas de flecha).
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Hígado. Técnica argéntica (7). Humano. 20x. Los espacios porta (P), se tiñen intensamente por contener abundantes fibras colágenas que, con esta técnica argéntica, adquieren una tonalidad ligeramente rojiza (flecha). En el espacio porta se llegan a identificar los siguientes elementos: la rama de la vena porta (V), de luz amplia, la rama de la arteria hepática (A) (porque se observan restos de la lámina elástica interna), y otros espacios que posiblemente correspondan a conductos biliares (B), aunque como con esta técnica no se ve el epitelio de revestimiento hay posibilidad de que se trate de otras estructuras.
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Hígado. Células de Kupffer (1). 2x. Hígado de un animal de experimentación al cual se le inyectó hierro coloidal como colorante vital. Cuando las partículas de hierro circulan por el hígado, son captadas por las células de Kupffer, los macrófagos propios de este órgano. Posteriormente, esas partículas fueron teñidas de color azul utilizando la técnica de Perls. En la imagen se observan pequeñas manchas azules repartidas por la superficie del corte, correspondiendo todas ellas a depósitos de hierro coloidal situados en el interior de las células de Kupffer. Esta técnica ofrece una imagen más dinámica y funcional de este tipo celular. (V: vasos sanguíneos).
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Hígado. Células de Kupffer (2). 4x. Células de Kupffer marcadas con hierro coloidal. A este aumento se aprecia una cierta concentración de las células de Kupffer en las zonas próximas a los espacios porta (P), sin embargo son más escasas en la vecindad de la vena centrolobulillar (C). (V: vaso sanguíneo).
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Hígado. Células de Kupffer (3). 10x. En el lobulillo hepático, las células de Kupffer (flechas) cargadas de partículas de hierro coloidal, tienden a ser más abundantes en las zonas periféricas del lobulillo, en la vecindad de los espacios porta (P), siendo más escasas alrededor de la vena centrolobulillar (C).
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Hígado. Células de Kupffer (4). 20x. Las células de Kupffer cargadas con partículas de hierro coloidal pueden adoptar distintas morfologías, desde células alargadas (puntas de flecha) a células redondeadas (flechas). Independientemente de la forma que tengan, siempre están en relación con los sinusoides (S).
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Hígado. Células de Kupffer (5). 40x. Las células de Kupffer (flechas), marcadas de color azul por haber fagocitado las partículas de hierro coloidal, se sitúan entre los cordones de hepatocitos, siempre en relación con los sinusoides. Los núcleos tienen una ligera coloración rojiza debido a que se han teñido con rojo neutro, evitando de esta manera la tinción azulada con hematoxilina, que podría enmascarar la presencia de hierro coloidal en el interior de los macrófagos.
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Vesícula biliar. HE (1). Humano. 4x. Imagen panorámica de la pared de una vesícula biliar humana, donde se distingue una mucosa (M) que presenta numerosos pliegues irregulares que sobresalen en la luz (asterisco). El material amorfo que hay sobre la mucosa corresponde a bilis. Más hacia el exterior, se encuentra la capa muscular (flecha de doble punta), y por fuera, una capa un tanto desestructurada de tejido conjuntivo, perteneciente a la capa subserosa (S), muy desarrollada en la vesícula biliar humana.
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Vesícula biliar. HE (2). Humano. 10x. La mucosa de la vesícula biliar presenta una superficie con abundantes pliegues muy irregulares. El epitelio de revestimiento (flecha) es prismático simple, bastante alto. El eje de los pliegues de la mucosa está constituido por tejido conjuntivo correspondiente a la lámina propia (Lp). Más profundamente se sitúa la capa muscular (M), formada por miocitos lisos organizados en capas con distintas orientaciones.
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Vesícula biliar. HE (3). Humano. 10x. Ocasionalmente, entre los pliegues de la superficie interna o luminal de la vesícula biliar, existen invaginaciones de la mucosa que profundizan notablemente, llegando a invadir el territorio de la capa muscular (M), formando los llamados senos de Rokitansky-Aschoff (asterisco).
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Vesícula biliar. HE (4). Humano. 20x. Pliegues de la mucosa de la vesícula biliar. El epitelio de revestimiento (flecha) es prismático simple, con los núcleos situados en el tercio basal de la célula, mostrando un aspecto ordenado. En el polo apical de las células epiteliales, se aprecia un ligero refuerzo (punta de flecha) que recuerda a la chapa estriada del epitelio de revestimiento del intestino. La aparente estratificación (asterisco) que se observa a izquierda de la imagen es debido a que el corte ha afectado tangencialmente al epitelio. (L: lámina propia. M: muscular).
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Vesícula biliar. HE (5). Humano. 40x. El epitelio de revestimiento de la vesícula biliar es prismático simple, de los más altos que hay en el organismo. Los núcleos son ovalados, y se sitúan aproximadamente a la misma altura. En el polo apical de las células se aprecia una zona más teñida (flecha), que recuerda a una chapa estriada del epitelio intestinal. En algunas células se observan, por encima del núcleo, pequeñas granulaciones (punta de flecha) que corresponden a gránulos de secreción de moco que producen las propias células del epitelio de revestimiento.
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Vesícula biliar. PAS (1). Humano. 4x. Imagen panorámica de la pared de una vesícula biliar humana en la que, con la técnica del PAS se destaca, ya a bajo aumento, la tinción positiva en la superficie del epitelio (flechas). Asimismo, se tiñe la bilis (B) que, estando en la luz, se encuentra en estrecho contacto con el epitelio de revestimiento. Se distingue la mucosa (M), la muscular (flecha de doble punta) y la subserosa (S).
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Vesícula biliar. PAS (2). Humano. 10x. En la mucosa de la vesícula biliar, destaca la PAS positividad del refuerzo presente en la superficie del epitelio de revestimiento (flecha) que contacta con la luz, la cual se encuentra repleta bilis (B), que también se tiñe con la técnica del PAS. (L: lámina propia. M: muscular).
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Vesícula biliar. PAS (3). Humano. 20x. Pliegue de la mucosa de la vesícula biliar donde destaca, con la técnica del PAS, el refuerzo en el polo apical (flecha) de las células prismáticas que forman el epitelio de revestimiento, así como la presencia de granulaciones (puntas de flecha) situadas en el citoplasma apical, que contienen moco como producto de secreción, que protege al epitelio del efecto corrosivo de la bilis. (L: lámina propia. M: muscular).
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Vesícula biliar. PAS (4). Humano. 40x. En el epitelio de revestimiento de la vesícula biliar, destaca la PAS positividad del refuerzo en el polo apical (flecha), que corresponde a microvellosidades de la membrana, más cortas y desordenadas si se compara con la chapa estriada que se encuentra en el epitelio intestinal. Son llamativas también las granulaciones en el citoplasma apical (puntas de flecha roja) de muchas células, que contienen moco, motivo por el que se tiñen con el PAS. También se tiñe la membrana basal (punta de flecha azul) que separa el epitelio de la lámina propia (asterisco).
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Vesícula biliar. PAS (5). Humano. 100x. Células prismáticas altas propias del epitelio de revestimiento de la vesícula biliar, visto a gran aumento. Con la técnica del PAS se ponen de manifiesto las granulaciones presentes en el citoplasma apical (flecha), que contienen moco que se expulsa por exocitosis hacia la luz. También destaca la tinción de la superficie apical, debido a la presencia de microvellosidades cortas e irregulares (sólo visibles como tales al microscopio electrónico).
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Vesícula biliar. PAS (6). Humano. 20x. Capa muscular de la pared de la vesícula biliar. Se pone de manifiesto la PAS positividad de la membrana basal que rodea a cada miocito liso, demarcándolos tanto en el corte transversal (flecha), como en el longitudinal (punta de flecha). (M: mucosa. L: lámina propia. V: vaso linfático).
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Páncreas. HE (1). Humano. 4x. Panorámica de un páncreas humano, donde se observa la cápsula (C) del órgano, de donde parten tabiques conjuntivos más finos (asterisco), que parcelan al páncreas en lóbulos y lobulillos. En el interior de los lobulillos se encuentran numerosos acinos muy próximos entre sí y, en espacios conjuntivos algo más grandes, conductos excretores (flecha). Entre la abundancia de acinos, aparece un islote de Langerhans (I), la porción endocrina del páncreas.
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Páncreas. HE (2). Humano. 10x. En el páncreas predomina la porción exocrina formada por túbulo-acinos de secreción serosa (flechas). En los espacios conjuntivos de mayor tamaño se sitúan conductos excretores (C) revestidos por un epitelio cúbico simple. Entremezclados entre los acinos, se encuentran los islotes de Langerhans (I), correspondientes a la porción endocrina del páncreas.
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Páncreas. HE (3). Humano. 20x. El páncreas se encuentra dividido en lobulillos por estrechos tabiques conjuntivos (T). El interior de los lobulillos se encuentra repleto de túbulo-acinos (A), que en la especie humana es difícil que estén bien conservados debido a que se deterioran con mucha facilidad. En la imagen cada túbulo-acino aparece como una formación más o menos redondeada, constituida por células de núcleo esférico, polarizadas alrededor de una pequeña luz, generalmente imperceptible. Los acinos están separados unos de otros por finos espacios conjuntivos (punta de flecha).
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Páncreas. HE (4). Humano. 20x. En la imagen se muestra cómo se continúa un túbulo-acino (A) y un conducto intercalar (C), revestido por un epitelio cúbico bajo. Estos conductos también se llaman intralobulillares por encontrarse en el interior de los lobulillos. A diferencia de las glándulas salivales, el páncreas carece de conductos estriados. (T: tabique conjuntivo).
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Páncreas. HE (5). Humano. 20x. Pequeño conducto interlobulillar (C). Tiene una luz evidente, y está revestido por células prismáticas bajas o cúbicas altas. Se encuentra en un espacio conjuntivo rodeado por una cantidad apreciable de fibras colágenas. (A: túibulo-acinos).
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Páncreas. HE (6). Humano. 40x. Los túbulo-acinos pancreáticos son serosos, compuestos por células de núcleo redondeado, rodeado de un citoplasma basófilo (punta de flecha), debido a que en el polo basal se acumula el RER, muy abundante en las células de secreción serosa. En el centro del acino se encuentra la luz, que no se suele ver por ser muy estrecha. Es característico de los acinos pancreáticos la presencia de las células centroacinares o centroacinosas (flecha), que no están presentes en los acinos de las glándulas salivales. Los acinos pancreáticos carecen de células mioepiteliales.
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Páncreas. HE (7). Humano. 20x. La porción endocrina del páncreas corresponde a los islotes de Langerhans (L). Son formaciones redondeadas, delimitadas por una fina cápsula conjuntiva (flecha), que las separa de la porción exocrina, constituida por los túbulo-acinos pancreáticos. Su estructura interna es la de una glándula cordonal o trabecular, entre cuyos cordones celulares se sitúan los vasos sanguíneos (punta de flecha).
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